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Arq. VICTOR JOSE STILP PICCOTTE


jueves, 4 de marzo de 2010

LAS MUJERES DE LA REVOLUCION

En cada uno de los momentos señalados por la historia del país, aparece una mujer.
Crisis famosas, triunfos de la voluntad, azares de la suerte, luchas por ideales compartidos, tareas comunes a los pueblos en formación; No importa qué y cuándo, siempre está la mujer representada, o por la figura conservada en los anales con todos los detalles de su biografía, o por la estampa de la anónima parte popular que concurre, fija su instante y vuelve a borrarse en el tiempo sin dejar rastro valedero.
Y porque una revolución no se gesta de la noche a la mañana, ni es fruto de un capricho de unos pocos, los hombres trascendieron a la gesta de mayo, y aislaron en la historia, la acción, no menos gloriosa, de las mujeres de la revolución.
En un marco social donde se elevaban sencillas poblaciones, las coplas, los chismes y los anónimos cotidianos, que hablaban de un asunto amoroso entre personajes conocidos, las ceremonias religiosas y los negocios, llenaban en forma apacible la vida del virreinato.
En ese marco, precisamente, las mujeres ajustaban en forma perfecta en un esquema que parecía inmutable.
La instrucción les estaba vedada, pero no las ocupaciones domesticas, las novenas, y las inquietudes casamenteras. Sólo si pertenecían a familias adineradas podían asistir a clases particulares de música o de lectura, por cierto siempre de carácter religioso.
Más, aunque la trascendencia literaria lo niegue, y a pesar de todo lo demás, antes y después de la gesta de mayo una generación de mujeres forjaron una nueva raza, que para nada dejo de lado a las mujeres originarias. Valga afirmar que la madre del primer historiador del Río de la Plata, Ruy Díaz de Guzmán, era nieto de una de las nativas que formaron parte del Harem de Irala.
Como correlato de las frustradas invasiones de los ingleses al Puerto de los Buenos Aires, las mujeres pasaron a ostentar un papel o factor social decisivo en los acontecimientos públicos, pues no eran dependencia o patrimonio del hombre, sino que podían actuar a su lado.
Sin intentar una proclama feminista, citaré algunos nombres, que, hartamente conocidos por unos pocos y apenas mencionados por otros, marcaron instancias heroicas en el acontecer de la Revolución de mayo, en su gestación y en el sostén de los ideales que la inspiraron.

Cito en primer lugar, a la esposa del gobernador de Montevideo, la santafesina Rafaela de Vera y Pintado, conocida como la Virreina criolla, se trasladó con su familia hacia Buenos Aires al ser designado Virrey su esposo Joaquín del Pino en 1801. Fallecido éste en 1804, no dudó en continuar con la defensa de la Patria en ciernes, y se emparentó con la causa emancipadora de San Martín, entregándole uno de sus hijos, y formando como dama de honor a su hija Juana, a la postre, esposa de Bernardino Rivadavia. Hoy sabemos que desde su residencia colaboró con la causa revolucionaria.

La porteña Martina Céspedes no sólo volteó bateas con aceite hirviendo desde las azoteas porteñas en contra de los ingleses, sino que combatió cuerpo a cuerpo con ellos; y es conocida la anécdota cuando junto a sus hijas captura a doce soldados ingleses para luego entregárselos a Liniers. Fue nombrada Sargento mayor y participó en diferentes acciones militares junto a hombres que hoy son nuestros héroes patrios.

Manuela Pedraza marchaba detrás del batallón de tucumanos del cual formaba parte su marido, y cuando una bala acabó con la vida de su esposo, ella no dudó en tomar el fusil y continuar el camino. Por esa acción Liniers la nombra alférez. Años después, ignorada por todos, deambulaba en la calle por no pagar el alquiler, aunque entre sus pocas o casi nulas pertenencias cobijaba un cuadro con un diploma de papel de barba, con firma y sello oficial, confirmando que portaba el grado de Alférez. ¡Fíjese que cuenta que ella mato a un inglés y que Liniers le dio un beso! ¡Hágame el favor! Afirmaban los vecinos en la calle.

Todos conocen la relación de Ana Perichon de Vandeuil con Santiago de Liniers, incluso su romance tras quedarse éste viudo por segunda vez. Pero lo verdaderamente importante fue la influencia que ella impuso sobre el gobernante, convirtiendo su casa en un Estado Mayor que capitaneaba con soltura y arrogancia. Abuela de la tristemente celebre Camila O’Gorman, murió a los 72 años, un año después de que Rosas ordenara el fusilamiento de la joven por sus amores con el sacerdote Uladislao Gutiérrez.

Internada para ser monja, María Guadalupe Cuenca cautivó al joven Mariano Moreno, que según deseos familiares debía convertirse en sacerdote. Como muchas veces en la historia, el amor pudo más y ambos, en contra de la voluntad de sus padres, abandonaron los destinos iniciales para casarse en 1804. Vivieron en Chuquisaca pero los pleitos que ganaba el abogado Moreno a favor de los nativos, obligaron a una pronta huida de la joven pareja hacia Buenos Aires con un hijo recién nacido. Guadalupe tenía 21 años cuando en ultramar envenenaron a Mariano arrojándolo al mar. Indudablemente, la joven había sido el sostén de tan heroico hombre de mayo. Murió a los 43 años, fiel al Héroe, repitiendo frases como esta que grabó la historia: ¡Ay, Moreno de mi vida: que trabajo me cuesta el vivir sin vos!

María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo, llamada luego Marica, y posteriormente Mariquita, había nacido en Buenos Aires en 1876, hija única con una posición económica holgada, rechazó la propuesta matrimonial de su primo, previamente acordada por su padre, para intentar unirse a su amado Martín Thompson. Su espíritu rebelde quedó reflejado en las sangrientas jornadas de las invasiones inglesas, y en el histórico emblema de cobijar el nacimiento de los sonidos del himno patrio.

Juana Pueyrredón, hermana de Juan Martín, fue una innata impulsora en la defensa de los derechos humanos. No dudó en defender a su hermano cuando fue preso por orden de Saavedra, llegando a utilizar la fuerza para liberarlo. No son pocos los que aseguran que este incidente impidió que el movimiento revolucionario se iniciara en 1809. Juana falleció en 1812 con la mira en sus ideales plasmados en la realidad, aunque no alcanzó a ver que su hermano era designado Director Supremo.

Benemérita llamó Belgrano a Gregoria Pérez cuando ésta le entrego a Valentín Deniz, su hijo, para que integrara su ejército. Además, Gregoria, que era analfabeta, le envió un escrito en letra de su hijo, al gran general, para que dispusiera de todos sus bienes en defensa de la Patria. “No podemos las mujeres introducirnos en el claustro de regulares” “Disponga usted de mis haciendas, casas, y ganados para que con ellos pueda auxiliar el ejército a su mando, sin interés alguno”. Belgrano le respondió: “Admita las gracias que le doy en nombre del ejército y por mi, que a la par de nuestro sabio y justo gobierno, jamás sabremos olvidar una efusión tan sincera a beneficio de la santa causa que defendemos”

Uno de los principales objetivos de las patriotas salteñas era lograr que los oficiales realistas se cruzasen de bando y participaran de la causa criolla. Juana Moro hizo caer en esa “trampa” al Marqués de Yavi, Juan José Campero que era Comandante General de la caballería y dueño de las tierras que van desde Tarija hasta cerca de Jujuy. No sólo convenció al Marqués, sino que a muchos españoles. Fue tanta su influencia que al ser descubierta por los realistas fue encerrada junto a su esposo, Jerónimo López, en una habitación sin aberturas. Alimentada a través de un pequeño hueco por los vecinos, fue liberada tiempo después, aunque nunca dejo de participar junto a los gauchos en Jujuy y en Oran en defensa de la Patria joven.

Nacida en Charcas, actualmente Sucre, Bolivia, Juana Azurduy es héroe de la independencia. Sus cargas de caballería junto a un séquito de mujeres, se hicieron temibles. En Viluma y tras haber ocasionado bajas importantes a los realistas, ella y su esposo caen prisioneros, su esposo es degollado pero ella escapa poniéndose nuevamente al frente de los guerrilleros. Esta vez, vestida de negro. Como Belgrano, que la nombrara Teniente Coronel de milicias, Juana muere sin cobrar su pensión, octogenaria, pobre, y olvidada.

La personalidad fuerte hace que se imponga dondequiera que se encuentre. Casada con Manuel Tejada, y hermana del gran Martín Miguel, Magdalena “Macacha” Guemes era un verdadero ministro de su hermano, quien no tenia secretos con ella. Fue para el general Martín Miguel… la mas querida entre las mujeres, la primera entre sus hermanos, el ser de toda su confianza, el corazón donde derramaba sus dudas, donde hallaba luz su espíritu en los momentos de turbación, donde encontraba consuelo, donde se desarrollaban sus enojos.

Reflexión final…

Probablemente, puede haber pecado de omisiones e imprecisiones en el desarrollo de los acontecimientos históricos que no desvanecen el enfoque que intenté dar a este tema: el de las mujeres reconocidas o anónimas, que gracias a su conducta, inteligencia y patriotismo, son referentes para las generaciones de su tiempo y las que le sucedieron porque significaron hitos en la consolidación del país.

Mónica Rodríguez del Rey ©